El trato humano, valorar a cada paciente que deposita su confianza en nosotros y una pasión constante por la formación. La doctora Flor Romano es una de nuestras profesionales del equipo de Centros Odontológicos Romano, amante de su profesión y especialista en tratamientos estéticos. La conocemos un poco más a fondo.

¿Qué te llevó a decidirte por la odontología como carrera y vocación?

Siempre supe, desde que terminé el colegio, que quería hacer una carrera de la rama sanitaria. Inicialmente me inclinaba más por medicina, y quizá por la especialidad de pediatría u oftalmología. No tenía muy claro qué rama, pero sí que tenía que ser algo de sanidad. Desde pequeñitos con mi hermano, que para él era totalmente vocacional, hemos estado viendo a mi padre llevar las consultas, e incluso muchos veranos le asistía yo cuando daba vacaciones a auxiliares en algún puesto, sobre todo dentro, para ir mirando y ver qué sensaciones tenía con la profesión.

Realmente, la persona que me guió y me aconsejó fue mi padre, por supuesto también con el apoyo incondicional de mi madre. Mi hermano lo tenía muy claro y, como nuestra intención era salir a estudiar fuera, era una forma de ir a la ciudad en la que él estuviese y poder estar juntos. Dentro de la universidad en la que estudiamos, en Madrid, había un abanico enorme, pero no estaba la carrera de Medicina como tal, y opté por Odontología.

Años después, y echando la vista atrás, estoy segura de que no hubiese escogido otra profesión: a medida que me iba adentrando en materias, y en años de carrera, cada vez tenía más claro que quería ser dentista. Fue la mejor elección que pude hacer.

¿Siempre supiste que querías dedicarte a la odontología?

Realmente, no. No lo tenía tan claro, pero no lo cambiaría por nada. Siempre he sabido que que quería hacer algo con mis manos para, a nivel sanitario, ayudar a la gente.

¿Qué consejo puedes darle a un paciente con miedo a ir al dentista?

El mejor consejo es que lo prueben. Hay muchos miedos infundados por experiencias negativas anteriores, sobre todo siendo niños, con los que hay que tener un especial cuidado. Contamos con una profesional estupenda en odontopediatría y está haciendo que los niños no tengan malos momentos en el sillón dental que después, cuando sean adultos, pudiesen hacerles seguir con miedo.

Hoy en día tenemos dos grandes vías para que el paciente no sufra: una de ellas es la medicación vía oral -solemos dar un relajante muscular potente, con el que el paciente queda absolutamente tranquilo-, y en breve contaremos con maquinaria para la sedación. No es un procedimiento intravenoso, sino gaseoso: mediante óxido nitroso, conocido como gas de la risa, es una manera de que tanto niños como adultos se relajen durante entre una hora y una hora y media, tiempo en el que podemos realizar las intervenciones o tratamientos que necesitemos y, pasado ese tiempo, el paciente no se acuerda de nada.

Cuando llegan pacientes con miedo extremo, ofrecemos la anestesia mediante un profesional, un médico anestesista que viene a la clínica. Hoy en día, contamos con diferentes técnicas para que el paciente no sufra y se vaya eliminando el miedo a ir al dentista. Realmente, con una buena psicología con el paciente, se le da tiempo para aceptar las cosas, se le explica lo que va a hacerse y lo que va a sentir, lo que estamos haciendo… Al tener conocimiento de lo que va a sentir, no termina pasando una mala sesión.

¿Es posible tener una boca estéticamente bonita y con mala salud?

No. Nunca. Para poder hacer un tratamiento puramente estético necesitamos que la base, los propios dientes, estén correctas y sanas. Lo que va a sujetar esas prótesis, y a hacer que el resultado sea duradero, es que tengamos unos dientes sin caries, unas encías saludables que hagan de barrera para que no entren las bacterias en la zona interna y un buen hueso de soporte. Son los tres puntos en los que el paciente debería estar totalmente estabilizado y, a partir de ahí, sí pensar en tener una boca estética. Está totalmente demostrado que todos los arreglos estéticos que se pueden realizar, si las bases no están sanas, se pierden. No duran nada, enseguida cambian de color o se caen por completo, un auténtico fracaso.

¿Qué ofrece Centros Odontológicos Romano a los pacientes que no den los demás?

Tratamos a cada paciente de una manera totalmente individualizada. Nos volcamos con cada persona que entra a nuestra consulta, pensamos en el paciente, hacemos revisiones y diagnósticos y elaboramos planes de tratamiento estando de acuerdo con el paciente. Nuestra filosofía es que cuando pensamos y nos interesamos por la mejoría a nivel bucal de un paciente, estamos ofreciéndole lo mejor. Tenemos unos especialistas muy muy bien formados y nuestra intención siempre es ofrecer al paciente lo que necesita. Intentamos cuidar muchísimo el trato y la calidez. Pero, sobre todo, nos interesamos por la persona para ganarnos su confianza.

¿Los pacientes dan más importancia a la salud o a la estética?

Antiguamente había más inclinación por dar importancia puramente a la estética. Gracias a todo el acceso a la información que hay hoy en día en internet, y también al boca a boca, el paciente hoy en día está muchísimo más informado. Es imposible tener una estética duradera y bonita si no tenemos una boca sana, y la balanza se ha equilibrado bastante. En una balanza, están equiparados los pacientes que se preocupan más por la estética con los que buscan la salud, que son más conscientes de lo importante que es que dure el trabajo que se hace, ya que en odontología el precio también tiene su importancia.

¿Cómo crees que estará la profesión dentro de 10 años?

Mi ilusión sería que la filosofía que muchas franquicias han adquirido sin querer, e intuyo que sin darse cuenta, en cuanto al trato al paciente, la poca preocupación o que son números, es que cambie. Mi deseo es que nos demos todos un buen toque de atención: estamos tratando a personas, no productos, lavadoras ni objetos inertes. Personas con sentimientos, familias, trabajos y toda una vida detrás. Debemos cuidar a cada persona como oro. Es importante agradecer a cada persona que nos brinda su confianza, que con nuestro trabajo, bajo nuestra formación, ayudamos a que su vida cambie. Que nos preocupemos más por las personas que por el dinero.

¿Qué consejo le darías a un joven odontólogo recién salido de la universidad?

Que se forme. Que se forme muy mucho. Que elija una especialidad de entre todo el abanico que hay y que se centre en elegir la mejor formación. Que no tenga prisa por empezar a trabajar, porque en ese primer momento es cuando se cometen errores que, aunque no tengan una gran trascendencia, pueden evitarse con la formación y las ganas de trabajar. Hay que tenerlo claro: durante la carrera hay mucho tiempo para conocerte y saber qué te gusta realmente o no. Estando en sanidad es importante el trato a las personas. Que la formación y la profesión dejen huella en los pacientes. Que transmita pasión y eso llegue a los pacientes. Y, por pedir, que con sus manos pueda hacer algo de forma desinteresada: hay muchos sitios, países, en los que hace falta ayuda odontológica.

¿Cuál es la mayor alegría que te has llevado como odontóloga?

La gran satisfacción que muchos de nuestros pacientes han expresado, sobre todo tras tratamientos de estética hechos en una sesión.

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