El verano supone un cambio de hábitos importante: la alimentación, el día a día, el trabajo e incluso el lugar de residencia se adaptan a la temporada estival y, con ello, surgen los cambios a todos los niveles. Entre las muchas cosas que suceden en esta época del año, una de ellas afecta a nuestra salud bucodental: la aparición de lesiones dentales que son más frecuentes durante el estío.

Estamos en una de las mejores épocas del año para la mayoría de la gente: tanto mayores como pequeños disfrutamos de unos días de descanso y, por tanto, se da una relajación y unos descuidos que no suceden en plena rutina y que pueden derivar en pequeñas incidencias para nuestra boca.

Una de las lesiones dentales que se da con relativa frecuencia en verano son las aftas bucales. Tanto en niños como en adultos es fácil que se produzcan, ya que en verano las altas horas de exposición solar sin protección las pueden provocar. Otros motivos pueden ser los típicos mordiscos que nos damos a nosotros mismos, la mala higiene bucal, las defensas bajas y, por último, la falta de hierro y vitamina B12.

Estas lesiones dentales son muy dolorosas y molestas, llegando incluso a impedir el habla de una manera normal debido al roce, dificultando la masticación e incomodando incluso en el hábito de la deglución de los alimentos.

Como segundo motivo de urgencia, en nuestros centros odontológicos es común encontrarse con las facturas dentales debido a traumatismos. Los golpes en la cara y la boca son comunes, y sobre todo más recurrentes en verano, ya que se realiza más vida en la calle y se comparte una infinidad de actividades en las cuales la boca sufre un riesgo evidente de sufrir lesiones.

Estas lesiones en la lengua se provocan con relativa frecuencia, por lo que aconsejamos que se revise de manera protocolizada vigilando el color, limpiándola una o dos veces al día con unos limpiadores linguales correctos y complementados con enjuagues específicos.

La sensibilidad dental está a la orden del día. La ingesta de bebidas y comidas frías provoca una reacción negativa en los dientes, independientemente de si existen problemas previos o no.

Las comidas o cenas copiosas pueden hacer que el PH disminuya siendo más ácido, a lo que se suma que el hábito de los tres cepillados diarios va desapareciendo en verano, con lo que también es frecuente la aparición de sensibilidad dental.

Por último, y relacionando con la ausencia de los cepillados diarios, un hecho importante que suele ocurrir en verano es la aparición de más placa bacteriana en la boca y entre los dientes, provocando halitosis, sangrado e inflamación de las encías, teniendo como consecuencia directa la pérdida de hueso y movilidad dental.

El cambio de hábitos del verano es ideal para disfrutar del buen clima, el tiempo libre y los seres queridos, pero nunca debe ser una excusa a la que aferrarse para justificar el descuido de la higiene bucodental y las prevenciones que se toman durante el año. Porque ni las mejores vacaciones de nuestra vida pueden justificar la aparición de lesiones dentales.

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